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Opinión
La instalación de una serie de kioscos a un costado de la histórica Iglesia San Juan Bautista, en pleno corazón del Centro Histórico de Ciénaga, abrió un debate que fue mucho más allá de unas simples estructuras de madera.
La discusión enfrenta dos visiones igualmente importantes: la necesidad de brindar espacios dignos para el trabajo de las artesanas y la obligación de preservar la armonía arquitectónica de uno de los patrimonios más emblemáticos del municipio.
Mientras algunos ciudadanos observaban los nuevos módulos como una oportunidad para impulsar el turismo, exhibir las artesanías locales y fortalecer la economía popular, otros se preguntaban si aquellas construcciones alteran la belleza paisajística del entorno colonial de la iglesia, símbolo espiritual e histórico de los cienagueros.
Las principales protagonistas de esta controversia fueron las integrantes del Colectivo de Comerciantes de la Galería Ciénaga Macondo, conformado en su mayoría por madres cabeza de hogar dedicadas a la elaboración de artesanías, bisutería y recuerdos que representan la riqueza cultural del municipio. Lejos de rechazar la reubicación, las artesanas solicitaron ser escuchadas antes de que cualquier decisión fuera definitiva.
A través de un derecho de petición dirigido a la Alcaldía Municipal, pidieron la instalación de una mesa de diálogo que les permitan conocer el proyecto en detalle y además quieren saber cuáles son las condiciones de su traslado, cómo se protegería su actividad económica y qué garantías tendrían para continuar desarrollando los trabajos de los artesanos.
La inquietud más grande recaía sobre la calidad de los kioscos y según manifestaron, las estructuras, construidas en madera liviana, parecían frágiles frente a la acción del tiempo y vulnerables ante actos de vandalismo.
Ninia Guerrero, vocera del colectivo, elevó varias preguntas al gobierno municipal. Solicitó conocer el acto administrativo que respalda la reubicación, las medidas de seguridad previstas para proteger los productos, las garantías para la permanencia de las artesanas y la continuidad de los procesos de formación artesanal que constituyen un patrimonio cultural vivo de Ciénaga.
El debate deja una reflexión inevitable y es que un Centro Histórico de Ciénaga no solo conserva y protege sus edificaciones; también preservan a las personas que mantienen viva su identidad. Las artesanas, con sus tejidos, bisutería, recuerdos y expresiones culturales, hacen parte del paisaje humano que da sentido a esos espacios patrimoniales.
Por ello, la verdadera discusión no consiste únicamente en determinar si los kioscos embellecen o desentonan con la arquitectura de la plaza del centenario. El reto es encontrar un equilibrio entre la conservación del patrimonio urbano, el diseño de mobiliario acorde con el valor histórico del entorno y la protección del trabajo de veinte mujeres que han convertido la artesanía en una expresión de la memoria colectiva y en el sustento digno de sus familias.
En consecuencia, más que una controversia sobre madera, diseño o ubicación, la instalación de los kioscos, esta situación ha desencadenado una conversación necesaria sobre cómo hacer compatible el desarrollo turístico, la protección del patrimonio histórico y el reconocimiento de quienes, con sus manos, mantienen viva la esencia cultural de Ciénaga. ¿Y usted qué opina?









































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