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El anuncio del inicio de la construcción de la doble calzada entre Ciénaga y Barranquilla a partir de este lunes 20 de abril no es una noticia más. Es, en esencia, una deuda histórica que comienza,. por fin a saldarse con el Caribe colombiano..
Durante décadas, este corredor ha sido sinónimo de congestión, riesgo vial y oportunidades perdidas. Hoy, con una inversión de $2,7 billones y una licencia ambiental vigente desde 2016, el discurso del desarrollo empieza a tomar forma concreta.
No se trata únicamente de asfalto. Se trata de dignidad regional. La vía que conectará a Ciénaga con Barranquilla, pasando por Santa Marta y otros municipios estratégicos, impactará a cerca de dos millones de habitantes.
Es una arteria vital para el turismo, el comercio, el transporte de carga y, sobre todo, para la vida cotidiana de miles de ciudadanos que hoy padecen trancones interminables y condiciones viales precarias.
Sin embargo, el entusiasmo debe ir acompañado de vigilancia. No sería la primera vez que un megaproyecto en Colombia arranca con bombos y platillos y termina diluyéndose entre retrasos, sobrecostos o cuestionamientos.
La licencia ambiental otorgada por la ANLA mediante la Resolución 01323 de 2016 no puede ser vista como un simple requisito cumplido, sino como un compromiso serio con la sostenibilidad. La Ciénaga Grande, los ecosistemas costeros y las comunidades que habitan en la zona no pueden ser sacrificados en nombre del progreso.
También hay que decirlo: este proyecto llega tarde. Demasiados gobiernos pasaron sin tomar decisiones de fondo. Que hoy se le dé impulso desde la Gobernación del Magdalena demuestra que cuando hay voluntad política, las cosas avanzan.
Pero el reconocimiento no debe convertirse en complacencia. La ciudadanía tiene el deber de exigir cronogramas claros, transparencia en la contratación y resultados medibles. La carta de presentación debe ser la planeación y la responsabilidad del contratista con toda una comunidad del caribe
La doble calzada no solo conectará territorios también se redefinirá el mapa económico del Caribe. Municipios como Ciénaga, Puebloviejo o Sitionuevo podrían dejar de ser puntos de paso para convertirse en polos de desarrollo. Pero eso no ocurrirá automáticamente. Se necesitará planificación urbana, apoyo a los emprendimientos locales y políticas públicas que aprovechen el potencial que esta vía promete.
En otras palabras, esta obra es una oportunidad enorme, pero no garantiza por sí sola el progreso. El verdadero reto empieza ahora: que no se convierta en otro símbolo de promesas incumplidas, sino en una realidad que transforme vidas.
Esta semana inicia la construcción, solo se espera que no vaya a distraer el objetivo de la construcción de la obra. Todo está dado para que se inicie una nueva forma de hacer las cosas en el Caribe: con seriedad, con transparencia y, sobre todo, con resultados.
Esta obra de la Doble Calzada Ciénaga-Barranquilla impactara en los territorios de Barranquilla, Ciénaga, Puebloviejo, Sitionuevo, Zona Bananera, Soledad y Santa Marta. Es la oportunidad para tener un abrazo con el progreso y el desarrollo.










































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