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Opinión
Por estos días, la pregunta que más se escucha en las calles, en las plazas, en los cafés y en las redes sociales es una sola: ¿quién ganará la segunda vuelta presidencial? La respuesta, aunque muchos intentan darla con absoluta seguridad, sigue siendo incierta.
Las encuestas publicadas antes del cierre legal de los sondeos muestran una tendencia favorable para el candidato Abelardo de la Espriella, quien aparece liderando la intención de voto con ventajas que oscilan entre cuatro y ocho puntos sobre Iván Cepeda. Diversas mediciones de firmas como AtlasIntel y CNC coinciden en señalarlo como favorito para llegar a la Casa de Nariño.
Sin embargo, la historia electoral colombiana ha demostrado que las encuestas no votan. Esta elección enfrenta dos visiones completamente distintas de país. Por un lado, De la Espriella representa una propuesta de autoridad, seguridad y recuperación económica basada en la iniciativa privada. Por el otro, Cepeda defiende la profundización de políticas sociales, la implementación de los acuerdos de paz y una visión más orientada a la justicia social.
Pero la política rara vez es una ciencia exacta y Cepeda conserva fortalezas importantes en sectores urbanos, entre los jóvenes y en regiones donde el progresismo mantiene una presencia significativa. Algunos analistas consideran que una alta participación electoral podría reducir considerablemente la distancia que hoy reflejan los sondeos.
La gran incógnita sigue siendo la abstención. En Colombia, las elecciones no siempre las gana quien tiene más seguidores, sino quien logra llevar más ciudadanos a las urnas. Si los indecisos y abstencionistas salen masivamente a votar, el resultado podría estrecharse hasta convertir la jornada en un auténtico foto-finish.
Por eso, afirmar categóricamente quién será el próximo presidente sería un acto de arrogancia política. Hoy, con la información disponible, Abelardo de la Espriella parece tener la primera opción para ganar la Presidencia. Las encuestas, las tendencias y el ambiente político así lo sugieren.
Pero las elecciones no se ganan en los estudios de opinión ni en los titulares de prensa. Se ganan en las urnas. Y mientras no se cierre la última mesa de votación y se cuente el último sufragio, Colombia seguirá haciéndose la misma pregunta:
¿Quién ganara? La respuesta definitiva, como siempre en democracia, la tendrán los ciudadanos. No los analistas, no las campañas y mucho menos las encuestas. Porque al final, el único sondeo que realmente vale es el que se realiza frente al tarjetón electoral.








































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