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Germán Vargas Lleras, el excandidato presidencial, exvicepresidente, exministro, exsenador, exconcejal, y el líder político más grande de Cambio Radical y de oposición a Gustavo Petro, falleció este viernes, 8 de mayo, tras enfrentar una penosa enfermedad que le ganó la batalla.
El pasado lunes, 9 de marzo, ingresó a la Unidad de Cuidados Intensivos del Centro de Tratamiento e Investigación sobre Cáncer Luis Carlos Sarmiento Angulo, en Bogotá, y, posteriormente, fue trasladado hasta la Fundación Santa Fe, donde perdió la batalla que emprendió desde hace varios años contra el cáncer.
Su deceso se produjo a sus 64 años. Y la última fotografía que se conoció en vida la publicó en redes sociales Clemencia Vargas, su hija. Vargas, con escaso cabello, con gorra verde, mirando fijamente a Agustín, su único nieto.
Vargas estaba recién llegado a Bogotá procedente de Houston, donde se practicó sus quimioterapias para reducir el tamaño de un tumor que apareció en su cabeza y que le impidió participar como candidato presidencial en el 2026, una decisión que gran parte del país lamentó porque él— coincidían varios sectores políticos— era el estadista que podía enderezar el rumbo de Colombia tras el desgobierno de Gustavo Petro, como lo describió en varias afirmaciones.
Fue ministro de vivienda en el gobierno de Juan Manuel Santos. Y mientras el entonces presidente se enfocó exclusivamente en alcanzar la paz con las Farc y, luego, obtener el Premio Nobel, Vargas Lleras se dedicó a ejecutar. Entregó 100.000 viviendas gratuitas en todo el país a familias de extrema violencia, una cifra récord que no la volvió a alcanzar el MinVivienda en los siguientes gobiernos.
Como vicepresidente, impulsó el desarrollo de 28 proyectos de autopistas de cuarta generación. Él, sin duda, marcó un hito en la red vial y la infraestructura de Colombia. Vargas, al igual que Margaret Thatcher, la exprimera ministra de Reino Unido, confirmó que el verdadero liderazgo político no se basa en tener contentas a las masas y pronunciar discursos populistas. Él optó por las decisiones firmes, los resultados, aunque le generaran dolores de cabeza.
Hoy Vargas Lleras ya no está. El país se privó de tener a un presidente de sus quilates profesionales, a quien se le vio el talante y el liderazgo desde que se le observó en una foto encima de una mesa en 1969 cuando apenas era un niño y había quedado huérfano tras la muerte de su madre. Su abuelo, el entonces presidente Carlos Lleras Restrepo, permitió difundir la imagen que le dio la vuelta al país.
Ese niño, que se formó para dirigir el país, no lo consiguió. La muerte le llegó primero y dejó al país sin conocer los resultados que pudo dejarle a Colombia un verdadero ejecutor.












































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