(26 de abril de 1952 – 17 de septiembre de 2004)
“La muerte es el comienzo de la inmortalidad.” Robespierre
El día que “El Gato” decidió activar el gatillo para dispararle en varias ocasiones a Alfredo Correa de Andréis, los pájaros que en esos momentos transitaban por ese lugar huyeron de espanto. Fue en ese preciso instante cuando debió recordar el mal presagio que sintió al despedirse para siempre de su amada esposa y de su entrañable hija Melissa.
Mientras su pesado cuerpo se desplomaba hacia el pavimento y su alegre cabellera se esparcía por todos los confines de la incertidumbre, lo más seguro fue que trajo a su memoria la última vez que sintió el valor de la vida en medio de la alegría que le producía el estar acompañado de sus seres queridos: Alba Lucía y Melissa.
Al sicario contratado por la maquinaria siniestra de un régimen de terror que siempre ha estado al servicio de los que por muchos años han impuesto a sangre y fuego un imperio de miedo y desesperanza, jamás le pasó por su mente que le estaba sesgando la vida a alguien que se había convertido en un fecundo defensor de los derechos humanos de aquellas personas que han sido víctimas en este país de los más viles atropellos, de desplazamientos forzados y despojo de sus tierras.
Ese día fue acallada la voz de un sentipensante que se sumergió en los laberintos de la academia y de la ciencia social, solo con el noble y fervoroso propósito de escamotear y escudriñar a través de su disciplinado e inquieto espíritu investigativo, el entretejido oscuro y tenebroso conformado por un contingente de sátrapas y apátridas de un Estado que se declaró opositor y rotundo enemigo de quien, con valor y templanza, puso en evidencia la existencia de toda una asociación y justicia estatal para delinquir.
El sociólogo Alfredo Correa de Andréis se vio sorprendido, el 17 de junio de 2004, cuando en medio de un espectacular operativo, fue cap turado por el DAS en su residencia en la ciudad de Barranquilla y trasladado inmediatamente a Cartagena, departamento de Bolívar.
Tres meses más tarde, un 17 de septiembre del mismo año, Correa De Andréis no imaginó que al salir de su apartamento y luego de despedirse de su esposa Alba Lucía y Melissa, su hija, iba a cumplirle una cita a la muerte.
Ese día, siendo las 3 y 15 de la tarde, el sociólogo Alfredo Correa de Andréis caminaba con su escolta, Edelberto Ochoa Martínez por la carrera 53 con calle 59 en la ciudad de Barranquilla, cuando apareció un sicario y asesinó a los dos, en plena vía pública y en presencia de mu chas personas que se encontraban en ese punto de la ciudad.
Así comenzó la historia y el calvario que soportó el sociólogo Al fredo Correa de Andréis, una vez que fue capturado por agentes del DAS y noventa días después, su macabro crimen por parte de las Autodefensas Unidas de Colombia. En 90 días, la mano oscura del Estado en alianza con los paramilitares apagó la luz y el camino construido por Alfredo Correa de Andréis a sus 52 años.
Vivió con intensidad y no alcanzó a terminar su obra social con las personas más vulnerables del Caribe. Su trasegar en los estudios sociológicos y sus investigaciones llenas de esperanzas e ilusiones para su familia y para todo un pueblo. Ese día, asesinaron al hombre, pero fortalecieron las ideas y las semillas de la esperanza para una nueva Colombia.
El sociólogo Alfredo Correa De Andréis nunca imaginó que, al salir de su apartamento, luego de despedirse de su esposa Alba Lucía y Me
lissa, su hija, iba a cumplirle una cita a la muerte. El sicario lo estaba esperando en una esquina de Barranquilla para trocharle su vida.
Con este acto de barbarie, se mutiló a la democracia y se tronchó la esperanza de un núcleo familiar con todas las consecuencias que trae una tragedia de esta magnitud. Esta tragedia dejó a Melissa, única hija del sociólogo Correa de Andréis, sin entender lo que estaba sucediendo alrededor suyo y su entorno familiar, en medio de la violencia que es taba viviendo.
Melissa solo contaba con 13 años al momento del asesinato de su padre. Con el asesinato de Edelberto Ochoa Martínez, deja a su núcleo familiar inconsolable con un dolor inmenso de su querida madre, hermanos y demás familiares.
Ante las circunstancias y los hechos que rodearon el montaje y el falso positivo, montado por funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y los paramilitares y que terminó con el asesinato del investigador y académico Correa de Andréis, el sociólogo e historiador Edgar Rey Sinning indicó: “El asesinato de Alfredo Correa fue un sacrificio al pensamiento libre”.
¿Quién era Alfredo Correa de Andréis?
Alfredo Correa De Andréis nació en Ciénaga el 26 de abril de 1952 y murió en Barranquilla el 17 de septiembre de 2004. Hijo de Alfredo Correa Galindo y Eloísa de Andréis, casado con Alba Lucía Glenn, de cuyo matrimonio nació su única hija, Melissa. Sus tres hermanos: Magda, Raúl y Jorge (fallecidos). Era sociólogo de la Universidad Simón Bolívar, Ingeniero Agrónomo de la Universidad del Magdalena, Magíster en Ciencias de la Educación de la Universidad de París, Francia, y Magíster en Desarro llo Social de la Universidad del Norte.
Se desempeñó como director del Centro de Investigaciones del IN FOTEP de Ciénaga, rector de la Universidad del Magdalena, secretario de Planeación y de Participación Ciudadana del distrito de Barranquilla y jefe de la Unidad de Educación Integral del departamento del Atlántico.
Si deseas seguir leyendo esta semblanza de Alfredo Correa de Andreís adquiere el libro Relatos y Voces: Narrativas de nuestra alma caribeña y termine de leer este triste e inolvidable capítulo de la historia del caribe colombiano: El Crimen de Alfredo Correa De Andréis fue “un Sacrificio al Pensamiento Libre”. Edgar Rey Sinning







































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