Por: Edgar Caballero Elías.
Su solo nombre Ramón Ropaín, es referencia en la historia musical de Colombia, y si lo escuchamos con su piano tropical pleno de sonoras tonalidades tropicales, sabemos que estamos ante uno de los mejores pianistas en su género. Ciénaga lo ve nacer el 23 de diciembre de 1916 como el cuarto de los hijos de la unión matrimonial de Clemente Ropaín Pacheco, agricultor de banano, con Delia del Carmen Elías Fandiño, ama de casa, cienagueros ambos.
Bautizado en la Iglesia San Juan Bautista, de esta ciudad, el 9 de abril de 1917, por el padre José María del Castillo. Ramón Ropaín, criado en el caserón de sus padres en la esquina del callejón Popayán, calle Antioquia, actual carrera 11 calle 11, creció en el seno de una familia cultivadora de banano con propiedades en la región de Riofrio, donde vivieron algún tiempo con relativos éxitos económicos.
En la sala principal de su casa donde habían dos pianos, la atractiva dinámica musical de Úrsula y Sara Revolledo, Ángela Calabria, María Teresa Smith, Gélida Brito, Celina Ceballos, entre otras, alegraban las tertulias en casa de los Ropaín Elías, que organizaba Delia su madre.
Ella quería que todos sus hijos estudiaran música, tres de ellos fueron pianistas: Julio, tal vez el más aventajado de todos pero no tuvo pretensiones profesionales. Josefina y Ramón dedicaron su vida al piano, ella vivió muchos años como profesora en Ciénaga, Fundación, Santa Marta y Barranquilla, Ramón, por su parte, siguió siempre con su inquietud musical y de alguna manera el piano marcó esa inclinación de él por las artes.
En Ciénaga y a muy temprana edad, creó y dirigió en la emisora Ecos del Córdoba, de Víctor Roberto Pereira Zamora, el programa «La Hora de los Aficionados» con Guillermo Buitrago, donde escogían y premiaban los mejores. Cursó estudios en el Colegio La Esperanza, de Cartagena, y bachiller del Colegio Mayor del Rosario, de Bogotá.
Quiso estudiar medicina logrando hacer tres semestres en la Universidad del Rosario, de Bogotá, pero su inclinación por la música lo llevó a dejar sus estudios. Empezó entonces a estudiar piano con el profesor José Vicente Castro en la universidad capitalina; también fue discípulo del maestro Pedro Biava Ramponi, en Barranquilla, ciudad donde estableció su residencia en la década de los años 50, donde alternó la música con la farmacia en la Clínica Colombia.
Es de anotar que Barraquilla, en toda su cultura musical, la formó el maestro Pedro Biava, pedagogo, compositor, director de orquesta e instrumentista, un maestro muy fácil de entender todo lo que él enseñaba, tenía una pedagogía excelente. A sus alumnos cuando les llamaba la atención lo sentaba con él, y le decía «esto no es un regaño, esto es un consejo». Se destacó Ropaín como intérprete del piano, como compositor, arreglista y director de orquesta.
En Medellín, ciudad que lo acoge por varios años, forma parte de la Orquesta de Lucho Bermúdez como pianista titular, trabaja también en las emisoras como arreglista, como intérprete o como director porque la radio entonces hacia muchos programas en vivo en los radioteatros y esa era la manera de acercar masivamente a la ciudadanía a la música.
La labor de arreglista en la radio era porque necesitaban músicos para sus programas en vivo tocaran la música que tocaran, todo músico que tuvieran talento allá llegaban como Jorge Camargo, de Boyacá, Edmundo Arias del Valle; de Antioquia, Luis Uribe Bueno que se nacionalizó paisa siendo santandereano, etc.
Su esposa, Teresita García, también trabajaba en las emisoras grabando «Jingles», ensayando o dirigiendo, en programas donde participan como en «Novedades Perfals» o en el programa «La Canción del Recuerdo» de la Aseguradora Suramericana, programaciones musicales de todos los géneros de impacto, que patrocinaban empresas como Coltejer, la Colombiana de Tabaco. Tejicondor, Pier roja, etc., y eran también las que daban el dinero para montar los radioteatros y las primeras disqueras.
En Medellín contrajo matrimonio con la cantante Teresa de Jesús García Quesada «Teresita», oriunda de Puerto Colombia, Atlántico, en la Parroquia Veracruz, el 18 de septiembre de 1950, en cuyo hogar nacieron Delia, Patricia del Carmen, María Teresa “Maité”, Raquel, Catalina y Ramón, donde desde pequeños todos cultivaron las artes, la música y la cultura en general, que llenaron de felicidad su vida, la que transcurrió en un entorno que engalanó con bellas canciones.
En el año 1955, el maestro Francisco «Pacho» Galán compuso en Medellín su mayor éxito: «Ay cosita linda», a Patricia Ropaín, de 2 años, hija de Ramón, en cuya casa vivía Pacho a quien la niña le decía al levantarse: «Hola pachito, buenos días», y él le contestaba: «Buenos días, cosita linda». La llamaba así porque ella era una niña encantadora, que tenía una empatía especial que le encantaba al maestro soledeño, y cuando ella se sentaba en su ventana, Pacho le decía «al pie de tu ventanita rosada, te dije cosita linda, nené».
La canción fue grabada inicialmente en el mes de julio de 1955 en Medellín, para el sello Sonolux, sin letra. Se grabó como un porro que no le gustó a Pacho Galán, decía que eso sonaba como algo más de lo mismo.
Al año siguiente se grabó una nueva versión, con letra, y con un ritmo esencial de batería, CREADO por Pompilio Rodríguez, con su hermano Efraín, integrantes de la Orquesta de Pacho Galán, quienes hicieron la combinación con los timbales, cencerro y tumbadora.
Cuando el maestro Galán escuchó aquello, dijo: “Esa vaina sí me gusta!”. Con ellos, los hermanos Rodríguez., nació el RITMO del merecumbé, y con «Cosita Linda» SURGIÓ el merecumbé y toda esa época nueva para la música colombiana.
La primera voz femenina en grabarla fue Emilita Valencia Navarro, una fina cartagenera que estaba llamada a ser algo fuera de serie en materia de canto. Versátil como no hubo otra, le entró a todo y todo lo cantó maravillosamente bien. «Cosita Linda», fue una especie de luz que alumbró sus inicios en un camino siempre difícil.
Tuvo la suerte y la calidad requerida para que un señor de la música como Pacho Galán se fijara en ella y la llevó por siempre jamás a su orquesta donde fue la gran titular, y otro episodio contribuyó a su despegue internacional, cuando, después de un primer fallido intento de «Cosita Linda», se reajusta la orquesta para que Pompilio Rodríguez, ya con golpe de merecumbé y de paso con letra, contribuyera a su despegue internacional y fuera el factor decisivo para que la canción triunfara en todas partes.
Y fue Emilia Valencia la encargada con su voz y gracejo de realizar esa hazaña, ya que la canción gustó en muchas partes, pero ninguna alcanzó el nivel de la orquesta de Pacho Galán con su estrella Emilia Valencia.
Es mucho decir que ni la Sonora Matancera con el vocal de Carlos Argentino le hicieron cosquilla, como tampoco lo hizo Nat King Cole ni otro montón de intérpretes centro y norteamericanos. Sus versiones se escucharon, gustaban algo, pero nunca como la del músico soledeño y la cantante cartagenera, una de las tres voces femeninas de Colombia en todos los tiempos.
Finalizando la década de los años 50 se retira de la orquesta del maestro Bermúdez y viaja a Bogotá a armar su propia orquesta que se llamó Orquesta de Ramón Ropaín e inicia un importante trabajo artístico.
Tocaba en el Club Militar y la cantante era su esposa, Teresita García, quien grabó como solista acompañada por el Trío Los Isleños los temas «Por la mañanita» y «Cántame una canción-, también fue vocalista de la orquesta de Pacho Galán y de la Orquesta de los Hermanos Martelo.
Fijan su residencia detrás del Edificio Cudecóm, calle 20 al lado de la Emisora Nuevo Mundo donde había un bar contiguo a la emisora donde se reunían los músicos de Nuevo Mundo que lo llamaban «Orines Hilton» por su fuerte olor a berrenchín, a orín, ahí, dicen los investigadores y conocedores de la vida y obra del maestro José Barros, fue donde él hizo la canción «La Piragua» donde frecuentaba con su vestido y zapatos blancos, siempre muy elegante y conversador con la gente.
Entonces llegan a Bogotá donde hacen su vida artística, tanto en la radio como personal. Dirige la Orquesta «La Tropibomba», «La orquesta que cuando toca, toca», su lema publicitario, remplazando al maestro Víctor, sin recordarnos su apellido, oriundo de la ciudad de Montería.
Era una muy buena orquesta con una gran sonoridad musical con dos cantantes de altísimos kilates como eran Elías Paz, sabanero, y el barquillero Jairo Likasale. Después se vincula a la emisora Nuevo Mundo que era un punto de encuentro de todos los músicos que llegaban y residían otros en la ciudad capital, incluso hasta los años 70 y 80 para la gente todavía era un referente.
También dirigió en RCN el programa musical Icasa, así mismo dirigió los espacios Sonrisal y Colgate Palmolive, en la cadena Caracol. En esa época el director de orquesta hacía de todo, le tocaba liquidar las planillas, de cómo hacer los pagos, la declaración de renta, etc., todo eso era de mucha responsabilidad de parte del director. Ropaín vivía de la música y grababa mucho, y cuando tenían que hacer discos él hacia los arreglos, las partituras, trabajar de noche, escribir de mañana, grabar a medio día, dormir un poco y luego irse otra vez a trabajar.
Era, pues, un trabajo pesado que le tocaba hacer como arreglista y director que era, y eso también deteriora la salud. Las primeras grabaciones de Ramón Ropaín las realiza con Discos Tropical, de Emilio Fortou, fue una serie de música exitosa de cuatro Long Play: «Ropaín interpreta a Galán», «Ropaín interpreta a Bermúdez», «Ropaín interpreta a Escalona» y «Ropaín interpreta a José Barros».
Hicieron esa serie de cuatro L.P. muy buenos, de música instrumental, solo piano y ritmos, que era la música entonces que ponían antes que empezara la señal de televisión y sonaba todo todo el tiempo mientras que iniciaban la programación, esa era la música que se escuchaba, y hoy todavía se usa, digamos de ambientación.
Con sus agrupaciones musicales recorrió el país sin dejar de trabajar en la radio y en la naciente televisión colombiana. Viaja a Ecuador y Perú, donde llega a ser muy apreciada su música, y luego a Méjico donde reside por varios años siendo artista exclusivo de la CBS, trabaja principalmente como arreglista en las orquestas, igualmente hizo muchos discos publicitarios en la CBS de Méjico, una gran cadena de televisión que comenzó como una cadena de radio.
Con los sellos Tropical, Zeida, Sello Vergara, CBS, Daro, Discos Bambucos y otros, deja un legado de cien producciones discográficas que contaron con su presencia corno pianista, como arreglista, compositor y/o como director musical. También hizo muchos trabajos con su grupo «EL Combo Bonito de Ramón Ropaín».
Con «Don Ropa y sus Estrellas» alcanzó a realizar unos tres trabajos de esa serie que eran orquestaciones con piano de música colombiana. Su trabajo discográfico pasa de cien obras con las realizadas en Méjico donde tenía que hacer determinada cuota de producción como también las realizaciones de la musicalización de dos películas colombo-mejicana, en una labor que exigía mucho tiempo.
Así mismo musicalizó audiovisuales y documentales con su amplia experiencia en ese sentido. Dejó entonces en su haber, una gran cantidad de éxitos, alrededor de 120 composiciones, entre las que podemos mencionar: «Mañanitas», «Manola», «La mecedora», «Brinca la cuerda», «Cumbia bonita» y “Se acabó”. Sin embargo, uno de los mejores arreglos de Ropaín e indiscutiblemente una antológica página musical, es el tema «Currucuteando», clásico carnavalero.
Fue el disco que más vendió el Sello Vergara en su momento. Sobrepasó inclusive muchas grabaciones de artistas nacionales y extranjeros del catálogo disquero. Sin lugar a dudas un tema protagonista de los carnavales y con el tiempo renombrado entre los clásicos de esas fiestas.
Y así, otras canciones forman parte también de ese gran tesoro musical que nos legó el gran artista cienaguero, Ramón Ropaín. Orquestas como la Billos Caracas Boys, Los Melódicos, Lucho Bermúdez, Pacho Galán, son algunas de ellas que se ocuparon de sus obras. En su biografía aparece que estuvo viviendo en Estados Unidos, aunque él nunca habló muy profundamente de eso, pero en las reseñas biográficas de sus familiares, que tiene y nos cuenta su hija María Teresa «Mayté», reconocida cantante y gestora musical residente en la ciudad de Bogotá y a quien agradecemos la información suministrada de la vida y obra de su padre, estudiando farmacia y laboratorio oficio que alternó con el de la interpretación, y pasó por la prestigiosa Academia de Música Julliard, de Nueva York, donde tuvo la oportunidad de dirigir una orquesta de Jazz.
Él era un músico formado, digamos que sus fuentes musicales eran autores que en esa época eran como revolucionarios como el compositor ruso Rinsky Kórsakov o Leonard Bernstein, compositor, pianista y director de orquesta nacido en Estados Unidos que obtuvo fama mundial, célebre por haber dirigido la Orquesta Filarmónica de Nueva York.
Él admiraba mucho ese tipo de músicos y de arreglistas desarrollando una carrera creativa de escribir composiciones musicales que, de acuerdo a su hija “Mayte», no ha sido todavía suficientemente analizada porque la sonoridad que en las orquestas tuvieron en esa época de los años 50, tiene mucho que ver con la orquestación norteamericana.
Ramón Ropaín tampoco era ajeno a la formación de la música clásica, él también si lo invitaban o le pedían que amenizara un matrimonio o un bautizo, cumpleaños, etc. en donde iba a tocar un cuarteto de cuerdas u otro grupo por el estilo, iba cuando lo llamaban para que montara el acompañamiento en estos eventos porque tenía la capacidad de poder organizar fácilmente grupos, que es algo que también deben tener los músicos.
Entre las distintas facetas de su vida destacamos la de músico e intérprete del piano en el que mucha gente lo admiró y lo admira todavía, él le dio una sonoridad muy específica a su manera de interpretar la música colombiana en el piano, alguna vez le dijeron que era el Damirón Colombiano (Francisco Alberto Simó Damirón) pianista de la República Dominicana auténtica leyenda musical que llevó el merengue a distintas partes del mundo y así se convirtió en pionero de la proyección internacional de ese ritmo quedando su recuerdo íntimamente ligado a la cultura de esa gran nación, toda Latinoamérica y una vasta parte del mundo.
En su vida profesional conoce y alterna con músicos, cantantes, declamadores, actores y compañías de danza y teatro, tanto nacionales como internacionales en escenarios en vivo, en radio y televisión desde sus inicios, cuando se hacían programas en vivo. Dentro del elenco del Ballet Folclórico Grancolombiano, recorre el continente mostrando nuestras expresiones regionales folclóricas.
Su aporte musical comprende la producción de mensajes institucionales, jingles y bandas sonoras de documentales y películas, así como su participación en festivales musicales en concursos en calidad de jurado.
Ya en los 80, que fueron los últimos, él estuvo moviéndose entre Colombia y Estados Unidos, y fue allá en el país del norte que le dio un paro respiratorio, que no fue un infarto, pero sí estuvo hospitalizado varias semanas con motivo con esa novedad como consecuencia del cigarrillo. Regresó a Barranquilla a mediados del 85 donde falleció el 2 de abril de 1986 a la edad de 70 años.
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