Por Edgar Caballero Elías
La tragedia que dio origen a la famosa leyenda del Caimán Cienaguero sigue siendo un tema de debate histórico. Dos escenarios se disputan el lugar de los hechos: el misterioso Caño de San Luis y el ya desaparecido playón de Cachimbero. Ambos espacios, cargados de historia y mitología, enmarcan los acontecimientos que se convertirían en la base de una tradición cultural y folclórica que identifica a la región de Ciénaga y Pueblo Viejo, Magdalena.
El Caño de San Luis, nombrado en honor a un pescador territorial, Luis Santamaría, era conocido por ser un lugar peligroso debido a la presencia de caimanes. En tanto, Cachimbero, adyacente al histórico Puerto de Las Mercedes, era un lugar lleno de manglares y de importancia estratégica durante la época de la independencia. Este sitio fue testigo de eventos cruciales como el desembarco del general Maza, y, según algunos, también de la fatídica muerte de Tomasita, la niña que se convertiría en protagonista de esta leyenda.
Según la tradición oral, un 20 de enero, día de San Sebastián, Tomasita jugaba con su hermana cerca de las aguas de Las Mercedes mientras su madre realizaba compras. Sin advertir el peligro, las niñas se convirtieron en presa fácil de un caimán que acechaba silenciosamente. Tomasita fue arrastrada al agua, y sus desgarradores gritos resonaron en el lugar, desencadenando la desesperación de sus familiares y vecinos. Este hecho trágico se transformaría, con el paso del tiempo, en una danza folclórica que representa la cacería del caimán, acompañado de versos y música.
La danza y la transformación cultural
La danza del caimán, originaria de Pueblo Viejo, fue adoptada y transformada por Ciénaga, gracias a la creatividad del folclorista Darío Torregroza Pérez. Él no solo perpetuó la leyenda, sino que le dio un carácter festivo, integrando a mujeres en la coreografía y adaptando la música con acordeón y clarinete, lo que le otorgó una identidad propia y la convirtió en el símbolo del Festival Nacional del Caimán.
Torregroza logró inmortalizar esta historia como parte del folclor colombiano, llevándola más allá de sus orígenes y dándole reconocimiento nacional e internacional. Este relato, que mezcla tragedia, historia y mito, continúa siendo una representación viva de la creatividad y resiliencia del pueblo cienaguero.
Entre la historia y el mito
La leyenda del Caimán Cienaguero, como tantas otras, se enriquece con la tradición oral y el imaginario colectivo. Más allá de su base histórica, esta historia destaca por su valor cultural, que refleja la vida de las comunidades ribereñas, sus temores, alegrías y su relación con el entorno natural.
El aporte de Darío Torregroza Pérez no solo rescató esta leyenda del olvido, sino que la convirtió en un emblema que une a Ciénaga y Pueblo Viejo, recordándonos que la historia y el folclor son las bases de nuestra identidad como pueblo.
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