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Avanza la aprobación de un proyecto que declara 2025 como el año conmemorativo de Guillermo Buitrago y ordena la creación de su Casa Museo.
El legado de Buitrago se mantiene vive entre los habitantes de su natal Ciénaga (Magdalena), donde realizan un festival en su honor. Foto: Archivo Carlos Capella / EL TIEMPO
El eco de una guitarra criolla volvió a escucharse en el Senado de la República, donde los acordes de Guillermo de Jesús Buitrago parecieron colarse entre los discursos de los legisladores.
El Congreso aprobó en segundo debate el proyecto de ley que busca rendir homenaje a la vida y obra del célebre “Jilguero de la Sierra Nevada”, al cumplirse 105 años de su natalicio.
Se trata de una iniciativa presentada por el senador Antonio Zabaraín que, más allá de un acto simbólico, tiene la fuerza de proyectar la identidad musical del Caribe colombiano al país y al mundo.
La propuesta contempla medidas concretas: Declarar el 2025 como Año Conmemorativo de Guillermo Buitrago, ordenar la construcción de una Casa Museo en Ciénaga en su honor, reconocerla como Bien Cultural de Interés Público de la Nación y promover un concurso nacional de escultores para erigir un busto en su memoria.
El espíritu de la iniciativa es claro: preservar un legado que, aunque nacido en los años 40, sigue siendo columna vertebral de las tradiciones decembrinas y del folclor nacional.
Con esta aprobación en segundo debate, el Senado rinde homenaje a un ícono que sigue vivo en la memoria de los colombianos y que con su guitarra y su voz abrió caminos para el vallenato y la música costeña
“Con esta aprobación en segundo debate, el Senado rinde homenaje a un ícono que sigue vivo en la memoria de los colombianos y que con su guitarra y su voz abrió caminos para el vallenato y la música costeña”, afirmó Zabaraín.
Para el senador, natural de Ciénaga (Magdalena), se trata no solo de un reconocimiento histórico, sino también de una apuesta por dinamizar el turismo cultural en Ciénaga y estimular la economía local alrededor de la figura de Buitrago.
El jilguero que no falla en las fiestas de diciembre
Guillermo Buitrago nació el primero de abril de 1920 en Ciénaga, Magdalena, en el seno de una familia numerosa. Su padre, Roberto Buitrago Muñoz, era antioqueño, llegado al Caribe atraído por la bonanza bananera; su madre, Teresa Mercedes Henríquez, le inculcó la fortaleza que lo acompañó en su breve, pero intensa vida.
Guillermo fue el tercero de siete hijos, un joven rubio, de contextura delgada, de aspecto tímido y voz nasal, que muy pronto se convirtió en símbolo de alegría para las fiestas del Caribe.
Apenas con 29 años grabó “La víspera de Año Nuevo”, una canción que desde entonces acompaña a los hogares colombianos en la transición de cada diciembre. Esa pieza, escrita por Tobías Enrique Pumarejo, lo consolidó como un intérprete distinto, capaz de darle frescura y cercanía a la música de su tiempo.
Aunque murió prematuramente, a los 29 años, dejó más de 250 canciones grabadas, entre las que figuran piezas emblemáticas del repertorio vallenato y de la música con guitarra. Fue pionero en llevar al acetato obras de Rafael Escalona, Emiliano Zuleta Baquero y otros grandes compositores de la región. Incluso abrió caminos en la publicidad al introducir en Colombia la propaganda cantada, los recordados jingles.
El periodista y escritor Fausto Pérez Villarreal recuerda que gracias a Buitrago canciones como Miguel Canales, El perro de Pavajeau, El bachiller, La despedida y El testamento se difundieron y popularizaron en Colombia y fuera del país. “Primero fueron interpretadas por él en la recta final de los 40. Sus grabaciones otorgaron pasaporte internacional a nuestra música, pues tuvieron gran resonancia en el exterior”, asegura.
Una memoria que no se apaga Más de un siglo después de su nacimiento, la música de Buitrago conserva intacta la capacidad de convocar multitudes. Su voz vuelve cada diciembre como un rito colectivo que hermana a los colombianos. En pueblos, ciudades y veredas, desde la Costa hasta el interior, sus canciones acompañan las novenas, las parrandas y la nostalgia de los que están lejos.
En su tierra natal, Ciénaga, se celebra desde hace más de dos décadas el Festival Nacional de Música con Guitarra Guillermo de Jesús Buitrago. Allí, tríos y compositores de todo el país se reúnen durante tres días para mantener viva la memoria del maestro. El festival, junto al proyecto de Casa Museo que contempla la nueva ley, reafirma a Ciénaga como un epicentro de memoria musical.
El Senado, al aprobar este proyecto, no solo honra a un artista, sino que reconoce la dimensión de un legado que definió la banda sonora de generaciones. El “Jilguero de la Sierra Nevada” no fue un simple cantante: fue un cronista musical de su tiempo, un puente entre la tradición oral y la industria discográfica que apenas nacía.
El homenaje del Senado de la República, que deberá surtir aún otros debates, es una oportunidad para saldar una deuda histórica con quien, pese a su vida corta, le dio al país una eternidad sonora. Porque mientras siga sonando La víspera de Año Nuevo en los hogares, Guillermo Buitrago seguirá siendo patrimonio eterno del Caribe colombiano.
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